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La sudoración es una respuesta natural del cuerpo para regular la temperatura, eliminar las toxinas y mantener la piel hidratada. Sin embargo, en algunas personas esta sudoración es excesiva e incontrolable, y afecta de manera notoria su calidad de vida. Esta patología se conoce como hiperhidrosis. “Es decir, una sudoración profusa en algunas zonas específicas -explica el Dr. Mauricio Rivas, director médico de Clínica Valle Norte-. Normalmente se produce en las axilas, las palmas, las plantas y, en algunos pacientes, en la cara”.

 

La sudoración excesiva que experimentan las personas con este problema puede ser tan intensa que empapa la ropa y dificulta las actividades cotidianas.

 

La forma más común de hiperhidrosis es la esencial, agrega el Dr. Rivas, que es aquella que no tiene una causa definida. Es idiopática, como se les llama en medicina a estas patologías sin origen claro. “Aparece en la adolescencia y dura toda la vida -acota-. No tiene una causa específica, sino que es más bien constitucional o depende de cada persona desde el punto de vista genético. Existen muchas otras causas. Por ejemplo, hay algunas que incluso están asociadas a algunos tumores de la columna o una enfermedad que se llama feocromocitoma, pero son casos rarísimos”. O al síndrome de Frey, que es una lesión poco frecuente de la glándula salival en la mejilla, cuyos síntomas incluyen sudoración en el rostro, especialmente al ingerir alimentos de sabores intensos o picantes.

 

 

Otras causas secundarias pueden ser el hipertiroidismo, que acelera el metabolismo y provoca la sudoración profusa, o la menopausia, que puede provocar cambios hormonales que afectan la regulación de la temperatura corporal. El tratamiento de estas causas subyacentes suele llevar a una mejora del problema.

 

 

TRATAMIENTOS

Se presenta tanto en hombres como mujeres, y es más común que comience en la adolescencia, recalca el Dr. Rivas. No tiene cura, es crónica, pero se puede tratar. “Tenemos distintos tratamientos. Normalmente partimos con antitranspirantes, cuya mayoría son a base de cloruro de aluminio, y lo que hacen es obstruir las glándulas sudoríparas ecrinas para que no se expela el sudor. Si no expelemos el sudor, entonces disminuye la hiperhidrosis de forma secundaria -describe el dermatólogo-. Depende mucho de la concentración del antitranspirante, el cloruro de aluminio lo dejamos desde el 10% al 20%”.

 

El problema del cloruro de aluminio, advierte, es que a veces irrita, y por eso lo prescriben para uso nocturno. Cuando la hiperhidrosis es generalizada, recetan antitranspirantes orales, como la oxibutinina.

 

Otros tratamientos se realizan con un equipo MiraDry, que mediante microondas genera calor en el área donde residen las glándulas del sudor y el olor. También se utiliza toxina botulínica A (Botox), que produce una disminución bastante efectiva en las zonas de infiltración y, por último, siempre está la opción de una simpatectomía, cirugía que interviene los nervios simpáticos que controlan la sudoración, principalmente de manos y rostro.

 

 

La calidad de vida del paciente es la más afectada, sobre todo la de las mujeres. “La hiperhidrosis, en general, no es una enfermedad grave, es más bien una patología que afecta socialmente, y en ese sentido creo que lo que se debe hacer es aceptarla un poco y aprender a convivir con ella. Es molesta, pero por fortuna no es grave”, puntualiza el Dr. Rivas.

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