Si bien coexisten muchos tipos de láser en los tratamientos dermatológicos estéticos, hay uno que se mantiene como pilar del rejuvenecimiento de la piel: el láser CO2. La capacidad que posee para regenerarla, desde sus capas más profundas, lo convierte hoy en la herramienta líder para quienes buscan resultados intensos y duraderos sin necesidad de bisturí.
Este láser recibe su nombre del dióxido de carbono, que actúa como un medio activo para generar la luz láser. Este gas es sometido a una descarga eléctrica del equipo, lo que produce un rayo de luz infrarroja invisible y de gran potencia. “Básicamente, es un láser que tiene mucha afinidad con el agua y eso nos permite generar fulguración o coagulación a nivel de la piel -explica el Dr. Mauricio Rivas, director médico de Clínica Valle Norte-. En términos más sencillos, nos permite cortar o hacer orificios en la piel para ciertas funciones o tratamientos que queremos lograr”.
En efecto, desde su introducción en los años 60, el láser CO2 se ha usado tanto en cirugía como en dermatología debido a su capacidad para cortar, vaporizar y coagular tejidos con una precisión óptima. Hoy, gracias a sus versiones fraccionadas, ha mejorado su seguridad y disminuido los tiempos de recuperación. A diferencia del láser CO2 tradicional -que trataba toda la piel-, el fraccionado divide el haz de luz en múltiples micropuntos distribuidos como una matriz (dejando una imagen similar a una rejilla). Es decir, quedan microzonas tratadas que se alternan con sectores intactos de la piel. Por ende, menor es el tiempo de recuperación y menores son también las complicaciones.
EN QUÉ SE USA
¿Qué significa que este láser tenga afinidad con el agua y de qué manera actúa en la piel? Su funcionamiento se basa en la interacción entre la energía lumínica y el agua presente en los tejidos. La luz del láser es absorbida selectivamente por las moléculas de agua de la piel, provocando una vaporización controlada y un daño térmico muy preciso. Este pequeño ‘daño’ desencadena, entonces, un proceso natural de reparación cutánea, mediante una gran estimulación de colágeno y elastina, un reemplazo de células dañadas por tejido nuevo y sano, y una contracción de las fibras dérmicas, otorgando un efecto tensor. El resultado es una piel uniforme y rejuvenecida, con una mejora gradual que continúa durante semanas.
El Dr. Rivas señala que el láser CO2 se usa básicamente en tres técnicas: como bisturí láser en cirugías tan delicadas como una blefaroplastia; para mejorar cicatrices como las del acné, y en procedimientos de rejuvenecimiento. “En este último sentido, es el láser más potente, porque genera una formación masiva de colágeno. Por tanto, es una excelente modalidad para quienes quieren reducir arrugas y flacidez, es decir, rejuvenecer sin cirugía”, indica.
NO ES PARA TODO
El láser CO2 no está indicado para todas las pieles ni para todos los casos, advierte el Dr. Rivas. Pieles más oscuras o con heridas activas no son buenos candidatos. “Algunas manchas las podemos tratar con el láser CO2, como un lentigo, pero no es el mejor láser para manchas. Al revés, tiene alto riesgo de hiperpigmentar la piel si se aplica mal o en fototipos de pieles altos. Esto es muy importante, porque he visto centros de estética que lo venden como un tratamiento para manchas, y no lo es”, enfatiza el dermatólogo.
Los riesgos del procedimiento tienen que ver, principalmente, con su manipulación, porque “el láser CO2 no debe ser manejado por médicos generales ni odontólogos, y menos centros de estética -afirma el Dr. Rivas-. Sólo puede ser utilizado por un médico especialista, como el dermatólogo, porque tiene efectos secundarios, como las manchas o las cicatrices si no se sabe ocupar”.