¿Recuerdas que en época de pandemia nos lavábamos las manos muchísimas veces al día? Era lo que había que hacer en ese momento dadas las circunstancias, obviamente, pero lo cierto es que, dejando aparte el COVID, lavarlas con tanta frecuencia no es lo más aconsejable para la piel, menos aun si no hay obligación de hacerlo. Someter las manos a una exposición exagerada al agua y algún producto higienizante puede provocar la conocida ‘dermatitis de contacto’, una afección que puede volverse crónica y muy dolorosa.
“Se trata de una reacción cutánea que consiste en la aparición de lesiones en la piel que van desde solamente un eritema, o un enrojecimiento, hasta la aparición de vesículas y heridas en las manos, como producto de haber hecho contacto con sustancias irritativas o con alérgenos”, explica el Dr. Mauricio Rivas, director médico de Clínica Valle Norte.
Existen dos formas de dermatitis de contacto, entonces: la irritativa y la alérgica. La primera ocurre cuando la piel se expone de forma repetida a sustancias irritantes, y la segunda se desencadena por una reacción alérgica a ciertos compuestos.
La más común, señala el Dr. Rivas, es la irritativa. “El 80 % de las dermatitis de las manos corresponde a las irritativas, y se diferencian de las alérgicas porque no hay en ellas una reacción alérgica probablemente tal, como en el caso, por ejemplo, de personas que son alérgicas al níquel de las joyas de fantasía, a los metales o al látex. La irritativa, también a diferencia de la alérgica, nos afecta a todos, es decir, todas las personas que nos exponemos a un producto dañino nos generamos un daño en la piel. Esa es la causa más frecuente”.
SUSTANCIAS PERJUDICIALES
¿De qué sustancias estamos hablando cuando decimos que todos nos exponemos a ellas? Los más habituales son los detergentes -de ropa y, sobre todo, de loza-, el cloro y los jabones. “Lo vemos muy frecuentemente en la consulta -indica el Dr. Rivas-, y mucho más después de la pandemia, principalmente en dueñas de casa que lavan la vajilla sin guantes, por ejemplo, o con un guante corto que hace que el detergente les entre igual a las manos. Lo vemos también en personas que se aplican alcohol gel a cada rato”.
También es una patología común en personal de aseo y en el de la salud -particularmente en enfermeras-, manipuladores de alimentos y trabajadores de la minería.
SÍNTOMAS
La dermatitis por contacto puede producir enrojecimiento e hinchazón, picazón y dolor, sequedad y descamación, aparición de ampollas (principalmente en la palma y los costados de los dedos) y grietas y fisuras (cuando se vuelve crónica).
No es un simple problema. “Afecta fundamentalmente la calidad de vida, porque duele y genera enrojecimiento, ardor y malestar -detalla el director de Clínica Valle Norte-. Cuando la enfermedad se vuelve crónica, la mano se transforma en lo que llamamos ‘mano de mecánico’, porque ya está tan dañada y engrosada que deja de tener las características normales de una mano, y eso es porque la piel trata de defenderse”.
Aunque no se usen productos para lavar las manos, exponerlas tanto al agua también las perjudica, no porque el agua sea dañina en sí, sino porque mojarlas con demasiada frecuencia elimina los aceites naturales que protegen la barrera cutánea y, por ende, las reseca. Si el agua es muy fría o caliente también influye, porque en ambos casos las irrita.
En realidad, nuestra piel no está hecha para lavarse con mucha frecuencia, dice el Dr. Rivas. “Suena extraño y contradictorio esto, pero en la naturaleza los animales no se lavan las manos -especifica-. Obviamente, sabemos que el hábito es saludable porque previene ciertas enfermedades, pero todo en exceso es malo. Y si una persona se lava las manos 15, 20 o 30 veces al día, no hay piel que aguante”.
CÓMO SE TRATA
Por lejos, la medida más importante es evitar la noxa, es decir, eliminar la sustancia que está provocando el daño en la piel. “Si no se retira eso, todo lo demás que podamos hacer es irrelevante. Habiendo hecho eso, recetamos jabones y cremas especiales, y cremas con corticoides e, incluso, corticoides orales”, puntualiza el Dr. Rivas.